El cálculo exacto depende del tipo de proyecto y de la metodología, pero una contabilidad de carbono creíble a nivel de proyecto generalmente implica los siguientes pasos.
1. DEFINIR EL LÍMITE DEL PROYECTO Y LOS GASES DE EFECTO INVERNADERO RELEVANTES
El proyecto debe especificar dónde tiene lugar la actividad, qué actividades abarca y qué fuentes, sumideros y reservorios de gases de efecto invernadero son relevantes para el cálculo. En el caso de los proyectos de uso del suelo, esto también implica identificar las reservas de carbono pertinentes, como la biomasa aérea, la biomasa subterránea, la madera muerta, la hojarasca y el carbono orgánico del suelo. No es necesario medir siempre directamente todas las reservas. Una metodología puede permitir excluir una reserva si la omisión es demostrablemente conservadora o irrelevante. La prueba clave es si el límite elegido genera una estimación completa e imparcial del beneficio climático neto del proyecto.
2. ESTABLECER UNA LÍNEA BASE CREÍBLE
La línea base del proyecto de carbono representa el escenario más plausible sin el proyecto. Puede estimar la deforestación futura, la tala, la gestión de la tierra, el uso de energía u otra fuente de emisiones. Dado que la línea base es un contrafactual y no un futuro observado, suele ser uno de los supuestos más determinantes en la cuantificación de créditos de carbono. Una línea base inflada puede hacer que un proyecto parezca evitar más emisiones o generar más remociones de las que realmente logra.
3. CUANTIFICAR EL ESCENARIO DEL PROYECTO
A continuación, el proyecto mide o modela lo que ocurre tras su implementación. Según la actividad, esto puede implicar inventarios forestales, parcelas de muestreo permanentes, muestras de suelo, lecturas de medidores, datos satelitales, LiDAR, modelos de crecimiento, ecuaciones alométricas o factores de emisión. Los datos y modelos deben ser apropiados para la ubicación, las especies, la tecnología y las condiciones operativas del proyecto. Los valores genéricos pueden ser útiles cuando la medición directa resulta impracticable, pero no deben sustituir a mejores evidencias locales cuando dicha evidencia esté disponible y sea relevante.
4. CONTABILIZAR LA FUGA DE CARBONO Y LAS EMISIONES DEL PROYECTO
Algunas actividades pueden desplazar emisiones fuera del límite del proyecto. Proteger un área forestal, por ejemplo, puede desplazar la tala o la expansión agrícola a otro lugar. Esto se denomina fuga de carbono (leakage). Los proyectos también deben contabilizar las emisiones relevantes causadas por la propia implementación, como el uso de combustible, la aplicación de fertilizantes o el transporte, cuando así lo exija la metodología. La emisión de créditos debe basarse en el beneficio climático neto tras considerar estos efectos.
5. APLICAR DEDUCCIONES POR INCERTIDUMBRE
Todas las mediciones y modelos contienen incertidumbre. Las parcelas de campo cubren solo una parte del área del proyecto, las ecuaciones de biomasa son estimaciones, y los modelos de teledetección requieren calibración. La contabilidad conservadora aborda explícitamente esta incertidumbre. Cuando la confianza es menor, el beneficio climático cuantificable puede descontarse antes de emitir los créditos. Esto genera un sesgo contra la sobreemisión, en lugar de asumir que una estimación central es exacta.
6. MONITOREAR, REPORTAR Y VERIFICAR LOS RESULTADOS
La contabilidad de carbono continúa a lo largo de todo el proyecto. Los datos de monitoreo deben recopilarse a intervalos definidos, reportarse de manera consistente y evaluarse conforme a la metodología aplicable. Un organismo acreditado e independiente de validación y verificación revisa la documentación del proyecto y los resultados reportados antes de que el programa de créditos de carbono decida si pueden emitirse los créditos. La verificación independiente es esencial, pero no elimina todos los riesgos de cuantificación. Un proyecto puede cumplir con una metodología aprobada mientras esta última se sigue basando en supuestos inciertos o potencialmente no conservadores. Por lo tanto, la certificación es un punto de partida para la debida diligencia, no un sustituto de esta.