La restauración ecológica es una carrera de fondo. Se necesitan años de trabajo constante antes de que la naturaleza empiece a mostrar sus resultados y, cuando lo hace, la fauna suele ser la primera en contar la historia. Entre marzo y mayo de 2026, InverBosques llevó a cabo su segunda campaña de monitoreo de fauna del año en las áreas de conservación y restauración del Proyecto de Reforestación Climática de Vichada, y los resultados son difíciles de ignorar: 202 registros de fauna, correspondientes a 25 especies de mamíferos, presentes tanto en bosques naturales como en paisajes restaurados dentro del área del proyecto.
El Proyecto de Reforestación Climática de Vichada (GS4221) se encuentra en Puerto Carreño, Vichada, dentro de la cuenca del río Bita, en la región de la Orinoquía colombiana. Es un paisaje de sabanas y bosques de galería que ha sufrido décadas de deforestación, fragmentación e incendios provocados por la actividad humana, en gran parte asociados a la ganadería extensiva. Con una extensión de más de 108.000 hectáreas, de las cuales más de 26.000 hectáreas corresponden al área plantada elegible, el proyecto es implementado por Inverbosques S.A. y Aldea Forestal S.A., con FORLIANCE como socio para el desarrollo y la asistencia técnica del proyecto.
Vista aérea del río Bita, un humedal reconocido bajo la Convención de Ramsar, dentro del Proyecto de Reforestación Climática de Vichada.
El propio río Bita es un humedal de importancia internacional incluido en la lista de Ramsar, situado cerca de la Reserva de la Biosfera El Tuparro y de una reconocida Área Clave para la Biodiversidad. El Instituto Alexander von Humboldt de Colombia también ha identificado el área de operación como parte de una unidad de conservación del jaguar, un punto clave para la conectividad ecológica a gran escala.
En un paisaje como este, el regreso de la fauna no es algo incidental. Es una de las señales más claras de que la restauración está empezando a marcar la diferencia.
Estos registros representan mucho más que un inventario de especies. Son indicadores de la recuperación progresiva de la funcionalidad ecológica del territorio y evidencian que estos ecosistemas restaurados proporcionan alimento, refugio, conectividad y condiciones adecuadas para la fauna que una sabana degradada simplemente no puede ofrecer.
Entre las especies registradas se encuentran algunos de los mamíferos de mayor importancia para la conservación en Colombia: el tapir de tierras bajas, el pecarí de labios blancos, el oso hormiguero gigante, varias especies de armadillos y diversos felinos silvestres. Dos avistamientos merecen especial atención. El puma (Puma concolor) y el ocelote (Leopardus pardalis) son, respectivamente, un depredador ápice y un mesodepredador que ocupan niveles tróficos elevados. Especies como estas no sobreviven en hábitats degradados y desconectados. Su presencia indica una cobertura forestal adecuada, suficiente disponibilidad de presas y una conectividad ecológica real entre los distintos fragmentos de hábitat: precisamente las condiciones que ofrece un paisaje sano y funcional.
Un tapir amazónico captado por una cámara, una de las 25 especies de mamíferos registradas durante la campaña de monitoreo de marzo a mayo de 2026.
Esto coincide con lo que el programa de monitoreo más amplio de InverBosques ha documentado en estas mismas propiedades: jaguar, tortuga de patas rojas, armadillo gigante, tortuga de río de manchas amarillas y venado de cola blanca, entre otras especies, registradas mediante una combinación de cámaras trampa y ciencia ciudadana comunitaria a través de iNaturalist. Desde 2019 existe un acuerdo de conservación con la Fundación Omacha y Resnatour que protege específicamente al tapir de tierras bajas, el jaguar y el puma en toda la cuenca del río Bita.
Es una pregunta válida y que merece una respuesta directa: ¿cómo puede un proyecto que planta eucalipto, pino y acacia contribuir también a restaurar la biodiversidad?
La respuesta corta es que estos tres géneros no se gestionan para la producción de madera en este proyecto. No se realiza aprovechamiento comercial en ninguna hectárea. En cambio, se utilizan de la manera que la ciencia de la restauración recomienda cada vez más para especies exóticas de rápido crecimiento: como una cobertura arbórea de transición que se establece rápidamente en antiguos terrenos de pastoreo gravemente degradados y pobres en nutrientes, ayuda a controlar las gramíneas invasoras y, posteriormente, permite que las especies nativas ocupen su lugar.
Plantación de eucaliptos establecida como cultivo nodriza temporal para estabilizar y proteger el suelo, creando al mismo tiempo las condiciones necesarias para la regeneración del bosque nativo.
En el terreno, en Vichada, las evidencias ya son visibles. El equipo de monitoreo del proyecto ha documentado el crecimiento espontáneo de árboles nativos entre las hileras de plantación en varios bloques: árboles pequeños que nunca fueron plantados, pero que están apareciendo por sí solos. Las visitas de campo confirman que esta tendencia de regeneración no estaba presente antes del inicio del proyecto. Un estudio independiente de eDNA del suelo, que comparó seis tipos de hábitat, incluidos rodales de eucalipto jóvenes y antiguos, plantaciones de acacia y sabana sin manejo, encontró que las plantaciones presentaban una mayor diversidad de hongos en el suelo que la sabana de referencia no intervenida. Esto aporta evidencia de que estos rodales funcionan como sistemas vivos que contribuyen a la mejora del suelo, y no como monocultivos estériles.
Nada de esto se deja al azar. InverBosques gestiona el vivero forestal certificado más grande de Colombia, produciendo hasta 3 millones de plántulas nativas al año junto con sus especies exóticas, y está enriqueciendo activamente los rodales existentes de acacia y eucalipto con especies nativas: 1.000 hectáreas enriquecidas solo en 2023, con otras 1.250 hectáreas y unos 1,5 millones de árboles nativos adicionales previstos. Los bosques de galería, que representan aproximadamente una cuarta parte del terreno del proyecto, están protegidos mediante una estricta franja de no intervención de 100 metros, establecida por la autoridad ambiental regional CORPORINOQUIA: sin maquinaria, fertilizantes ni pesticidas, y con plantación exclusivamente manual. El eucalipto no es el punto final de este proyecto. Es la estructura de apoyo para un bosque nativo que ya está creciendo visiblemente entre él.
Plantación de eucaliptos que cubre parte de las más de 26.000 hectáreas de área plantada elegible del proyecto, establecida como parte de un enfoque de restauración por fases.
En las sabanas abiertas, las especies que necesitan grandes territorios pueden quedar atrapadas en “islas biológicas”, aisladas unas de otras por la falta de cobertura vegetal, lo que favorece poblaciones aisladas y una reducción de la diversidad genética. Al recuperar la cobertura forestal y los corredores de bosque de galería a lo largo del río Bita, el proyecto restablece precisamente el tipo de conectividad del que dependen especies paraguas como el jaguar y el tapir de tierras bajas para mantener áreas de distribución saludables y patrones naturales de desplazamiento. Cuando especies como el puma y el ocelote aparecen en los datos de monitoreo, ofrecen otra señal de que estas conexiones están siendo utilizadas.
Cada registro de esta campaña alimenta un esfuerzo estructurado de monitoreo a largo plazo: cámaras trampa y observaciones participativas en iNaturalist en once Áreas de Alto Valor de Conservación, más de 36 guardabosques locales capacitados, inventarios de flora y análisis continuos de eDNA del suelo, todo ello desarrollado en colaboración con organizaciones como la Fundación Omacha y el Consejo de la Cuenca del Río Bita.
El monitoreo continuo de la fauna forma parte del compromiso de InverBosques de generar evidencia científica sobre la evolución de estos ecosistemas. Cada nuevo registro aporta una pieza más al panorama general, ayudando al equipo a comprender cómo responden las especies a la restauración y dónde deberían centrarse las futuras acciones de gestión.
“En InverBosques entendemos que la restauración es mucho más que plantar árboles. Significa acelerar los procesos naturales que permiten a los bosques recuperar su funcionalidad ecológica y que la biodiversidad vuelva a prosperar. Cada nueva especie registrada es una señal más de que este proceso de restauración sigue avanzando.”
Un puma captado por una cámara trampa en un corredor forestal, como parte del seguimiento continuo de la biodiversidad del proyecto.
El Proyecto de Reforestación Climática de Vichada demuestra cómo puede ser una restauración disciplinada y respaldada por la ciencia cuando se le da tiempo para funcionar: terrenos de pastoreo degradados que vuelven a convertirse en hábitats funcionales para algunas de las especies de fauna más importantes de Colombia.
Para las empresas que buscan apoyar un proyecto de reforestación capaz de responder a preguntas difíciles con datos reales, este proyecto merece una mirada más cercana. Ponte en contacto con el equipo de FORLIANCE para conocer más sobre el Proyecto de Reforestación Climática de Vichada.
MANTENTE ACTUALIZADO
ÚLTIMAS NOTICIAS Y PERSPECTIVAS