Casi dos siglos después de su desaparición, los bisontes europeos vuelven a recorrer los montes Făgăraș. Detrás de este regreso hay un programa de reintroducción que comenzó con recintos de cuarentena y aclimatación y que continúa hoy mediante observaciones en campo y seguimiento por GPS.
En mayo de 2020, ocho bisontes europeos fueron liberados en los montes Făgăraș, en Rumania. La especie llevaba casi 200 años ausente de la región.
Antes de la liberación, los animales pasaron por una cuarentena, evaluaciones veterinarias y un periodo de aclimatación. Una vez en libertad, los guardabosques comenzaron a seguir sus desplazamientos y a evaluar su comportamiento y estado de salud.
La experiencia en Carpathia muestra que proteger un bosque es solo el punto de partida. Restaurar un ecosistema también implica generar las condiciones necesarias para que las especies desaparecidas puedan volver, adaptarse y, con el tiempo, establecer poblaciones estables.
Los bisontes europeos regresaron a los montes Făgăraș tras una ausencia de casi dos siglos.
Los montes Făgăraș forman parte de uno de los paisajes forestales más importantes que aún se conservan en Europa. Osos pardos, lobos y linces siguen habitando la región, mientras que otras especies desaparecieron a medida que la caza y la presión humana transformaron el ecosistema.
El bisonte europeo fue una de ellas. Su reintroducción no busca únicamente aumentar el número de animales en la región. Forma parte de un esfuerzo más amplio, liderado por la Foundation Conservation Carpathia, para recuperar especies desaparecidas y los procesos naturales de los que depende el funcionamiento del ecosistema.
Contar con un bosque adecuado no garantiza por sí solo una reintroducción exitosa. Los bisontes procedentes de distintos lugares deben transportarse de forma segura, someterse a evaluaciones veterinarias y adaptarse gradualmente a su nuevo entorno. Las zonas de liberación también deben seleccionarse con cuidado: tienen que ofrecer un hábitat adecuado y espacio suficiente para que los animales puedan desplazarse y formar grupos estables.
El programa comenzó en 2019, cuando llegaron los primeros animales a los montes Făgăraș. En un primer momento permanecieron en recintos especialmente preparados, donde se supervisó su salud y pudieron aclimatarse a las condiciones locales.
Los primeros ocho bisontes fueron liberados en mayo de 2020. Posteriormente se incorporaron más animales a través de otros puntos de liberación, ampliando el programa a tres áreas del sureste de los montes Făgăraș.
Sin embargo, la liberación es solo una etapa. Los guardabosques recopilan información mediante observaciones directas y collares con GPS. Estos datos permiten al equipo del proyecto conocer los desplazamientos de los animales, cómo utilizan el hábitat y hasta qué punto se están adaptando. Las evaluaciones sanitarias y las observaciones de comportamiento ayudan a detectar problemas que pasarían inadvertidos si el éxito se midiera únicamente por el número de animales liberados.
Los datos GPS y las observaciones en campo permiten dar seguimiento a los movimientos, el comportamiento y la salud de los animales tras su liberación.
No existe un único momento que marque el éxito de una reintroducción. Que un animal sobreviva durante sus primeros meses en libertad es un paso importante, pero el objetivo a largo plazo es establecer una población que pueda desplazarse libremente por el paisaje, reproducirse e integrarse nuevamente en el ecosistema.
En los montes Făgăraș ya han nacido crías en libertad. Es una señal alentadora de que los animales se están adaptando a su nuevo hábitat. Sin embargo, estos nacimientos no bastan por sí solos para demostrar que la población ya puede mantenerse de forma autónoma. El monitoreo a largo plazo sigue siendo fundamental para evaluar la supervivencia, la reproducción, el uso del territorio y la evolución de los distintos grupos.
Por eso, la evolución de la población de bisontes aporta información valiosa sobre el avance de la restauración ecológica. Al mismo tiempo, pone en evidencia los largos plazos que requiere la recuperación de un ecosistema. Reintroducir una especie después de casi dos siglos no puede reducirse al momento de la liberación ni a una sola cifra sobre el tamaño de la población.
Los bisontes están regresando a un paisaje donde también hay pueblos, fincas y negocios locales. El éxito de la reintroducción no depende únicamente de las condiciones ecológicas. También es fundamental que las comunidades comprendan el programa y se reconozcan como parte de este proceso.
En abril de 2025, la Foundation Conservation Carpathia inauguró el Centro de Visitantes Bison House en Lerești. El centro ofrece a las comunidades locales, las escuelas y los visitantes la oportunidad de conocer mejor la especie y el trabajo de conservación que se lleva a cabo en los montes Făgăraș. El regreso del bisonte se está convirtiendo así en parte de la identidad local y conecta la recuperación de la fauna con la educación ambiental y el turismo de naturaleza.
Esta dimensión local no es un componente secundario, sino una condición esencial para el éxito a largo plazo. La protección tiene más posibilidades de mantenerse cuando la fauna se percibe como parte del futuro de la región y no como una iniciativa de conservación impuesta desde fuera.
El Centro de Visitantes Bison House conecta el programa de reintroducción con la educación ambiental, el turismo y las comunidades locales.
El Carpathia Forest Carbon Project protege 13.958 hectáreas de bosque dentro de un paisaje de conservación mucho más amplio. El área definida del proyecto de carbono no coincide con toda la superficie utilizada por la fauna, y distinguir ambos ámbitos es esencial.
El vínculo está en la protección del paisaje. La conservación forestal a largo plazo, la recuperación de áreas degradadas y la reconexión de hábitats crean las condiciones para que especies como el bisonte europeo puedan desplazarse y adaptarse. Su regreso demuestra por qué el valor de la conservación forestal no puede medirse únicamente en toneladas de CO₂.
Un crédito de carbono no representa directamente a un bisonte. Sin embargo, cuando un paisaje forestal protegido vuelve a ofrecer hábitat a una especie que llevaba casi 200 años ausente, se hace visible lo que la conservación a largo plazo puede lograr más allá del carbono.
La historia del regreso de los bisontes todavía se está escribiendo. El monitoreo continuo, la protección del hábitat y la colaboración con las comunidades determinarán cómo evoluciona la población durante los próximos años. Este trabajo a largo plazo, y no únicamente la liberación, es la verdadera medida del éxito de la restauración ecológica.
Conoce más sobre el Carpathia Forest Carbon Project y sobre cómo la protección forestal a largo plazo contribuye a la acción climática y la biodiversidad en los montes Făgăraș de Rumania.
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