La publicación de la versión 2.0 del Corporate Net-Zero Standard de la Science Based Targets initiative (SBTi) marca la evolución más importante de este marco desde su lanzamiento en 2021. El nuevo estándar ya no se centra únicamente en establecer objetivos: pone mayor énfasis en su implementación, la rendición de cuentas y los obstáculos que enfrentan las empresas al avanzar hacia las cero emisiones netas.
Para quienes lideran las estrategias de sostenibilidad, la pregunta clave ya no es si la SBTi sigue siendo el principal marco de referencia para los objetivos climáticos empresariales. La cuestión es si la versión 2.0 puede acelerar la descarbonización real cuando muchas empresas todavía tienen dificultades para convertir sus compromisos en resultados.
Uno de los aciertos de SBTi 2.0 es reconocer que la transición climática de una empresa rara vez sigue una trayectoria lineal. El nuevo enfoque de «mejores esfuerzos» (best efforts) contempla obstáculos como las limitaciones tecnológicas, las restricciones en las cadenas de suministro y la falta de alternativas bajas en emisiones. Si una empresa no cumple una meta intermedia, puede seguir dentro del marco de la SBTi siempre que demuestre de forma transparente las medidas adoptadas y explique las dificultades que enfrenta para implementarlas.
Este cambio importa.
Muchas empresas se han encontrado con factores que escapan a su control directo: el desarrollo lento de ciertas tecnologías, la escasez de materiales bajos en emisiones, las limitaciones de la infraestructura de energía renovable y la complejidad de sus cadenas de valor de alcance 3. Penalizarlas por estas condiciones podría crear un sistema de todo o nada, en el que una organización cumple cada meta sin contratiempos o termina por abandonar el marco.
Al dar más peso al avance continuo y a la transparencia, este enfoque puede fortalecer la credibilidad de la acción climática. Sin embargo, su éxito dependerá en buena medida de cómo el futuro esquema de aseguramiento defina qué constituye un esfuerzo genuino. Si los criterios son demasiado laxos, la credibilidad podría verse afectada; si son demasiado restrictivos, persistirán las barreras que han desalentado la participación de algunas empresas.
Una de las novedades de mayor alcance es el nuevo marco de Ongoing Emissions Responsibility (OER), que aborda la responsabilidad de las empresas por las emisiones que siguen generando. Reducir emisiones dentro de la empresa y a lo largo de su cadena de valor sigue siendo la prioridad. Al mismo tiempo, el estándar reconoce formalmente el papel del financiamiento climático y de los créditos de carbono durante la transición hacia las cero emisiones netas.
Se trata de una señal importante para el mercado.
Reducir emisiones y financiar la acción climática son estrategias complementarias, no alternativas excluyentes.
Durante años, el debate climático ha presentado la reducción de emisiones y los créditos de carbono como si hubiera que elegir entre uno u otro. SBTi 2.0 adopta una postura más pragmática: las empresas necesitan ambos. Descarbonizar sus operaciones y cadenas de valor sigue siendo indispensable. A la vez, financiar actividades de mitigación y remoción fuera de la cadena de valor puede contribuir a limitar el calentamiento global mientras avanza esa transformación.
El programa de reconocimiento OER establece tres niveles —«Engaged», «Advanced» y «Leadership»— que permiten a las empresas apoyar la acción climática mucho antes de llegar al año fijado para alcanzar las cero emisiones netas.
La incorporación de los créditos de carbono es un avance positivo. Sin embargo, hay un reto que merece mucha más atención.
SBTi 2.0 apunta a una mayor demanda futura de créditos por reducción de emisiones y remoción de carbono. En particular, presenta como escenario ilustrativo un requisito de remoción para las empresas de la categoría A a partir de 2035, que aumentaría gradualmente hasta el año fijado para alcanzar las cero emisiones netas. La propia SBTi señala que este requisito futuro se revisará en la próxima actualización sustancial del estándar.
Esto deja una pregunta abierta:
¿Habrá una oferta suficiente de créditos de alta calidad cuando llegue esa demanda?
En el mercado de carbono, las señales de demanda han llegado en ocasiones demasiado tarde para impulsar el desarrollo de proyectos a la escala necesaria. Los proyectos basados en la naturaleza de alta integridad y las soluciones tecnológicas de remoción duradera suelen requerir años de desarrollo, permisos, financiamiento, sistemas de monitoreo y crecimiento operativo.
Esperar a que surja una demanda similar a la de un mercado regulado podría ser arriesgado.
Una lectura razonable de SBTi 2.0 es que a las empresas les conviene participar en el mercado de carbono mucho antes de que el estándar se lo exija. Empezar pronto puede ayudarles a:
Si una empresa considera que las remociones llegarán a ser una necesidad estratégica, posponer su participación hasta la década de 2030 podría resultar poco conveniente tanto en términos económicos como operativos.
Para que haya créditos disponibles mañana, el mercado necesita señales de demanda hoy.
Otra novedad importante es que los requisitos ahora se diferencian según el tipo de empresa. Al establecer categorías distintas, la SBTi busca reducir las barreras de entrada para las pymes y las empresas de mercados emergentes, que hasta ahora han tenido menor presencia entre las organizaciones con objetivos basados en la ciencia.
Los costos y la capacidad técnica necesarios para cumplir los requisitos han sido un obstáculo para muchas empresas pequeñas. Reducir esas barreras podría incorporar a organizaciones que antes consideraban inaccesible la validación de la SBTi.
No obstante, la diferenciación también plantea un reto. Las empresas de la categoría A tendrán requisitos más amplios en materia de emisiones de alcance 3, reportes, aseguramiento, planes de transición y futuras obligaciones relacionadas con OER.
Estas exigencias refuerzan el rigor del estándar, pero también aumentan su complejidad y costo. En un contexto en el que las empresas deben atender marcos de divulgación climática como la CSRD y las normas del ISSB, algunas podrían preguntarse si los beneficios de la validación de la SBTi justifican el esfuerzo adicional.
Por ello, el éxito de la versión 2.0 dependerá de que las empresas perciban la participación como algo más que un ejercicio de sostenibilidad: también debe aportar valor en gestión de riesgos, competitividad y credibilidad ante los inversionistas.
Esto plantea una pregunta estratégica:
¿Son suficientes los incentivos para justificar la creciente complejidad?
El reconocimiento de la SBTi sigue teniendo valor. Sin embargo, muchas empresas enfrentan simultáneamente varios marcos de reporte, presupuestos limitados para sostenibilidad y mayor escrutinio sobre los costos de implementación.
A largo plazo, el éxito de la versión 2.0 podría depender tanto de su rigor científico como de que las empresas identifiquen beneficios comerciales, financieros y reputacionales concretos, además de una mejor gestión de riesgos.
La conclusión principal es que SBTi 2.0 ya no se limita a establecer objetivos.
Algunos analistas del mercado estiman que incluso el nivel inicial de reconocimiento OER podría atraer a miles de nuevos compradores al mercado voluntario de carbono. A más largo plazo, los requisitos de remoción podrían impulsar la inversión en soluciones de alta calidad.
Pero la demanda, por sí sola, no resolverá el problema. El mercado necesitará un volumen suficiente de proyectos creíbles y de alta integridad, especialmente de remoción de carbono, para atender las necesidades futuras de las empresas.
Para desarrolladores de proyectos, proveedores de créditos y empresas de soluciones climáticas, la oportunidad puede estar menos en vender créditos de forma aislada y más en ayudar a sus clientes a construir estrategias de compra de largo plazo, de remoción de carbono y de contribución climática.
La versión 2.0 del Corporate Net-Zero Standard de la SBTi no debe interpretarse como una menor ambición climática empresarial. Refleja, más bien, un reconocimiento creciente de que el camino hacia las cero emisiones netas es más complejo de lo que se esperaba al principio.
Su mayor fortaleza quizá sea reconocer que las empresas necesitan varias herramientas para contribuir de forma significativa a los objetivos climáticos: reducciones directas de emisiones, colaboración con sus cadenas de suministro, adquisición de energía limpia, planes de transición y financiamiento climático a través de mercados de carbono de alta integridad.
Para el mercado de carbono, la perspectiva de la demanda futura comienza a definirse. La pregunta ya no es si las empresas necesitarán remociones de carbono y contribuciones climáticas, sino si suficientes organizaciones comenzarán a participar a tiempo para ayudar a desarrollar la oferta que requiere una economía creíble de cero emisiones netas.
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